INTRODUCCIÓN


LA FRAGANCIA DE UN CAMPEÓN

Introducción
Entrega 1 de 3

TODO TIENE UN PROPÓSITO
El Diseño perfecto de Dios

Todo comienza con un diseño

Hay cosas en la vida que no suceden por casualidad.

Cuando observamos una obra de arte, admiramos su belleza, pero también entendemos que detrás de ella hubo alguien que la imaginó, la diseñó y le dio forma. Cuando contemplamos una construcción, sabemos que antes de existir físicamente hubo un plano. Y cuando vemos el funcionamiento perfecto de la naturaleza, podemos reconocer que existe orden, propósito y diseño.

Entonces surge una pregunta que toca lo más profundo de nuestra existencia:
¿Y nosotros?

¿Nuestra vida también tiene un diseño?
La respuesta es sí.

La Biblia nos revela que no somos producto de la casualidad. Fuimos creados por Dios de manera intencional. Nuestra existencia no comenzó simplemente con nuestro nacimiento; antes de que nosotros pudiéramos comprender quiénes éramos, Dios ya tenía un propósito para nuestra vida.

El salmista expresó esta verdad de una manera extraordinaria:

“Porque tú formaste mis entrañas; tú me hiciste en el vientre de mi madre. Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras.” Salmo 139:13-14.

Hay algo poderoso en comprender que Dios no creó una multitud de vidas idénticas. Él nos dio características, capacidades, personalidad, talentos, oportunidades y experiencias que pueden convertirse en instrumentos para cumplir aquello para lo cual fuimos llamados.

Hay un diseño detrás de tu vida.

Quizá todavía no lo puedes ver con claridad.

Tal vez algunas partes de tu historia parecen no tener sentido. Quizá has atravesado momentos de dolor, pérdidas, dificultades, cambios inesperados o temporadas en las que te has preguntado: “¿Por qué me está pasando esto?”
Pero no permitas que aquello que todavía no comprendes te haga pensar que tu vida carece de propósito.

A veces solamente conocemos una pequeña parte del diseño.

Un artista puede mirar un lienzo y saber exactamente lo que quiere hacer, mientras que quien observa solamente una sección de la pintura puede ver líneas, colores y formas que aparentemente no tienen conexión. Sin embargo, cuando la obra termina, cada elemento ocupa su lugar.

Así también puede suceder con nuestra vida.

Dios puede estar utilizando aquello que hoy no comprendes para formar aquello que mañana necesitarás.

Tus capacidades pueden ser parte del propósito.
Tus experiencias pueden convertirse en aprendizaje.
Tus dificultades pueden desarrollar tu carácter.
Tus temporadas de espera pueden enseñarte paciencia.
Tus fracasos pueden convertirse en lecciones.
Tus heridas pueden enseñarte a comprender y ayudar a otros.

Y aun los momentos en los que sentiste que estabas perdido pueden convertirse en parte del camino que te conduzca al lugar donde Dios quiere llevarte.

Esto no significa que todo lo que vivimos sea bueno en sí mismo. Significa que Dios es capaz de obrar aun en medio de nuestras circunstancias y utilizar nuestra historia para formar nuestro carácter y dirigir nuestros pasos.

Por eso, descubrir el propósito no consiste solamente en preguntarnos:

“¿Qué quiero hacer con mi vida?”

También debemos preguntarnos:

“¿Para qué me creó Dios?”

Son preguntas diferentes.

La primera coloca al ser humano en el centro.
La segunda coloca a Dios en el centro.

Y cuando comenzamos a mirar nuestra existencia desde la perspectiva del Creador, nuestra vida adquiere una dimensión completamente diferente.

No eres un accidente

Vivimos en una época en la que muchas personas luchan con la sensación de no saber quiénes son, hacia dónde van o para qué están aquí.

Algunos persiguen éxito.
Otros buscan reconocimiento.
Algunos intentan llenar su vacío con posesiones, relaciones o experiencias.
Otros viven comparándose constantemente con quienes los rodean.
Y, sin darse cuenta, pueden pasar años intentando encontrar significado en lugares que nunca podrán satisfacer completamente el corazón.

Pero el propósito no se encuentra simplemente acumulando cosas.

El propósito se descubre cuando comenzamos a conocer al Dios que nos creó.
Efesios 2:10 declara:
“Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.”

Somos hechura suya.
No somos improvisación.
No somos desperdicio.
No somos una vida sin dirección.
Somos obra de Dios.
Esto cambia la manera en que debemos mirar nuestra propia historia.
Tal vez otros no han visto tu potencial.
Tal vez incluso tú mismo has dejado de creer en lo que Dios puede hacer contigo.
Pero tu valor no depende de la opinión de los demás.
Tu propósito tampoco nace de la comparación.
Tu diseño comienza en Dios.

El propósito también se forma en el proceso

Una de las grandes dificultades que enfrentamos es que queremos conocer el propósito, pero no siempre queremos atravesar el proceso.

Queremos la victoria, pero no siempre queremos la preparación.
Queremos la meta, pero no siempre queremos recorrer el camino.
Queremos ver el resultado, pero muchas veces no entendemos el proceso que Dios está utilizando para formarnos.

Sin embargo, en la naturaleza encontramos una hermosa lección.
Una oruga no parece tener nada extraordinario.
Se arrastra lentamente, tiene una apariencia sencilla y pasa gran parte de su existencia alimentándose y creciendo. Pero dentro de su diseño existe algo que todavía no podemos ver a simple vista: la capacidad de convertirse en mariposa.

El proceso no es un accidente.
Es parte del diseño.

De la misma manera, el águila aprende a elevarse y enfrentar los vientos.
La ostra transforma una irritación en una perla.
Y el diamante necesita pasar por presión y transformación para revelar su belleza.

Estas imágenes nos acompañarán a lo largo de este libro porque cada una nos enseña algo acerca del propósito.

La oruga nos hablará de transformación.
El águila, de visión y elevación.
La ostra, de cómo Dios puede transformar las dificultades.
Y el diamante, de la formación que ocurre bajo presión.

Tal vez hoy te encuentres en una de esas etapas.
Tal vez estás comenzando.
Tal vez estás atravesando una transformación.
Tal vez estás enfrentando vientos fuertes.
Tal vez estás viviendo una situación que parece una molestia permanente.
O tal vez estás atravesando una temporada de presión que todavía no comprendes.

No concluyas demasiado pronto que el proceso significa que Dios se ha olvidado de ti.

Puede ser precisamente en el proceso donde Dios está formando al campeón que llegará a la meta.

Hay una fragancia que nace del propósito

Un campeón no se define únicamente por haber llegado a la meta.
También se define por lo que fue formado en él mientras recorría el camino.

Porque hay algo que las victorias externas no pueden producir por sí solas: carácter.

Una vida que ha sido transformada por Dios comienza a dejar una huella.

Una palabra.
Una actitud.
Una historia.
Un testimonio.
Una manera diferente de enfrentar las dificultades.
Una forma de servir.
Una capacidad de levantarse después de caer.
Y es allí donde comienza a aparecer la fragancia de una vida con propósito.
La fragancia no siempre se ve, pero puede percibirse.
De la misma manera, una vida que camina con Dios puede influir en otros aun sin buscar reconocimiento.

Pablo escribió:

“Porque para Dios somos grato olor de Cristo en los que se salvan, y en los que se pierden.” 2 Corintios 2:15

Tu propósito no solamente tiene que ver con lo que lograrás.
También tiene que ver con en quién te convertirás y qué dejarás en los demás mientras recorres el camino.

Por eso, antes de preguntarnos cuál será nuestra meta, necesitamos volver al principio.
Al diseño.
Al Creador.
A Dios.

Porque cuando comprendemos que fuimos creados intencionalmente, comenzamos a mirar nuestra vida de otra manera.
Ya no vemos solamente circunstancias.
Comenzamos a ver oportunidades de crecimiento.
Ya no vemos solamente dificultades.
Comenzamos a preguntarnos qué está formando Dios en nosotros.
Ya no vemos solamente nuestros límites.
Comenzamos a descubrir las capacidades que Él colocó en nosotros.
Y ya no vivimos simplemente tratando de sobrevivir.

Comenzamos a vivir con propósito.

Este es el comienzo del viaje.
Pero descubrir que fuimos diseñados con propósito nos lleva a una segunda pregunta:
Si Dios tiene un propósito para mi vida, ¿por qué tantas personas viven sin descubrirlo?
Esa será nuestra siguiente reflexión.


🌿 PRÓXIMA ENTREGA — INTRODUCCIÓN

¿Por qué tantas personas viven sin descubrir su propósito?

Dios nos creó con un propósito, pero no todos logran descubrirlo. A veces, las heridas, los temores, las circunstancias, las comparaciones o simplemente vivir sin detenernos a escuchar a Dios pueden hacer que perdamos de vista aquello para lo que fuimos llamados.

En la próxima entrega de “La Fragancia de un Campeón”, comenzaremos a descubrir qué sucede cuando una persona vive sin conocer su propósito y por qué reconocer el diseño de Dios para nuestra vida puede convertirse en el primer paso hacia una verdadera transformación.

🌱 Porque cuando descubres para qué fuiste creado, comienzas a vivir de una manera diferente.
Muy pronto: Parte 2 — ¿Por qué muchas personas viven sin descubrir su propósito?

🌿 LA FRAGANCIA DE UN CAMPEÓN

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