FORJADO EN EL CARÁCTER

 

“Mejor es el lento para la ira que el fuerte, y el que domina su espíritu que el que toma una ciudad.” Proverbios 16:32

Vivimos en una generación que admira la fuerza, el éxito, la influencia y los resultados. Se habla mucho de hombres fuertes, líderes capaces y personas que han alcanzado grandes metas. Sin embargo, delante de Dios, hay algo que tiene un valor todavía mayor: el carácter.


Un hombre puede tener talento, conocimiento, posición y recursos, pero si carece de carácter, tarde o temprano aquello que ha construido puede terminar derrumbándose.


El carácter no se forma de un día para otro. Se forja en el proceso. Se construye cuando decidimos hacer lo correcto aunque nadie nos esté observando, cuando aprendemos a controlar nuestras palabras, cuando cumplimos nuestra palabra, cuando reconocemos nuestros errores y cuando permanecemos firmes aun en medio de las dificultades.


Dios utiliza el proceso para forjarnos

El hierro no se convierte en una herramienta útil sin pasar por el fuego y el martillo. De manera semejante, Dios utiliza diferentes circunstancias de nuestra vida para trabajar nuestro interior.

Las pruebas pueden revelar lo que hay en nuestro corazón. Los momentos de presión pueden mostrarnos nuestras debilidades. Los errores pueden enseñarnos humildad. Y las responsabilidades pueden ayudarnos a crecer en madurez.

No todo proceso difícil significa que Dios nos ha abandonado. Muchas veces significa que Dios está formando algo en nosotros.
Un hombre forjado entiende que no debe huir de todo aquello que lo incomoda. Aprende a preguntarse:
“Señor, ¿Qué quieres formar en mí a través de esto?”

El carácter se demuestra cuando nadie mira

Es fácil aparentar integridad cuando estamos delante de otras personas. Lo verdaderamente importante es quiénes somos cuando estamos solos.

El carácter se manifiesta en nuestras decisiones privadas, en la manera en que tratamos a nuestra familia, en cómo hablamos de otras personas, en la forma en que manejamos nuestras responsabilidades y en aquello que hacemos cuando tenemos la oportunidad de elegir entre lo correcto y lo conveniente.
Un hombre de carácter no necesita una audiencia para ser íntegro.

Su vida habla aun cuando permanece en silencio.

Un hombre forjado aprende a dominarse

La verdadera fortaleza no consiste en reaccionar ante todo lo que nos molesta. La verdadera fortaleza también consiste en saber cuándo callar, cuándo esperar, cuándo pedir perdón y cuándo controlar nuestras emociones.

El dominio propio es una evidencia de madurez.


No significa que nunca sentiremos enojo, frustración o temor. Significa que no permitimos que esas emociones gobiernen nuestras decisiones.

Un hombre forjado no es aquel que nunca enfrenta conflictos; es aquel que aprende a enfrentarlos sin perder el carácter que Dios está formando en él.


El carácter se construye con pequeñas decisiones

Muchas veces pensamos que nuestro carácter se demuestra solamente en los grandes momentos. Pero, en realidad, se forma en las decisiones pequeñas de cada día.


Cumplir una promesa.

Llegar a tiempo.

Hablar con verdad.

Respetar a los demás.

Pedir perdón.

Ser fiel.

Cumplir con nuestras responsabilidades.

Cuidar nuestras palabras.

Servir aunque nadie lo reconozca.

Buscar a Dios aun cuando no tengamos ganas.

Cada una de estas decisiones parece pequeña, pero juntas construyen una vida.


El carácter de un hombre se forja mucho antes de que llegue el momento de demostrarlo.


Cristo es nuestro modelo

Como hombres de Dios, nuestro objetivo no es simplemente convertirnos en personas más disciplinadas o exitosas. Nuestro objetivo es parecernos cada día más a Cristo.

Jesús mostró firmeza sin perder amor, autoridad sin orgullo, verdad sin crueldad, servicio sin buscar reconocimiento y humildad sin debilidad.

Por eso, la pregunta no debería ser solamente:

“¿Qué tan fuerte soy?”

También debemos preguntarnos:

“¿Qué tan parecido a Cristo está siendo mi carácter?”

Porque Dios no solamente quiere usar nuestras manos; quiere transformar nuestro corazón.


Un hombre forjado deja un legado

El carácter no solamente afecta nuestra vida. También impacta a quienes vienen detrás de nosotros.
Nuestros hijos observan cómo reaccionamos.
Nuestra esposa observa cómo tratamos a los demás.
Nuestros compañeros observan nuestra integridad.
Los jóvenes observan nuestras decisiones.
La próxima generación necesita hombres que no solamente hablen de valores, sino que los vivan.
Un hombre forjado puede dejar muchas cosas materiales, pero uno de sus mayores legados será haber demostrado con su vida que es posible caminar con Dios, permanecer firme y vivir con integridad.

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