Nadie comienza
un proceso de formación completamente terminado.
Detrás de un
hombre firme hay decisiones, experiencias, aprendizajes y también momentos
difíciles que contribuyeron a formar su carácter.
A veces
quisiéramos que Dios cambiara inmediatamente aquello que estamos atravesando.
Le pedimos que quite la dificultad, que abra una puerta, que resuelva el
problema o que nos permita salir rápidamente de una temporada complicada.
Pero en muchas
ocasiones, mientras nosotros estamos esperando que termine el proceso, Dios
está trabajando dentro de nosotros.
Las pruebas no
siempre son señales de que Dios nos ha abandonado. Algunas veces se convierten
en escenarios donde Él fortalece nuestra fe, desarrolla nuestro carácter y nos
enseña a depender más de Él.
Esto es parte
de lo que significa ser un Hombre Forjado.
No se trata de
un hombre que nunca enfrenta dificultades, sino de un hombre que permite que
Dios utilice cada proceso para hacerlo crecer.
1. Las pruebas
también pueden formar nuestro carácter
Cuando pensamos
en formación, normalmente imaginamos aprendizaje, preparación y disciplina.
Pero hay
lecciones que solamente aprendemos cuando atravesamos determinadas
circunstancias.
Santiago 1:2-4
dice:
“Hermanos míos,
tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la
prueba de vuestra fe produce paciencia.”
La prueba
revela lo que hay dentro de nosotros.
En los momentos
fáciles podemos pensar que somos pacientes, firmes o confiados. Pero las
circunstancias difíciles ponen a prueba esas convicciones.
Una dificultad
puede revelar nuestra impaciencia.
Una pérdida
puede revelar dónde estaba puesta nuestra seguridad.
Una decepción
puede mostrar cuánto dependíamos de la aprobación de otros.
Una espera
puede enseñarnos a confiar.
Por eso, una
prueba no solamente nos pregunta “¿qué está pasando?”, sino también:
“¿Qué está
formando Dios en mí a través de esto?”
2. Dios puede
trabajar mientras nosotros atravesamos el proceso
Uno de los
errores más comunes es pensar que Dios solamente está obrando cuando todo
comienza a salir bien.
Pero Dios
también puede trabajar en medio de la dificultad.
José pasó por
circunstancias que probablemente nunca hubiera elegido: fue rechazado por sus
hermanos, vendido como esclavo, llevado a Egipto y posteriormente encarcelado.
Sin embargo,
Dios no dejó de trabajar en su vida.
El proceso
estaba formando algo en él que sería necesario para el propósito que Dios tenía
preparado.
Esto nos enseña
algo importante:
El proceso
no siempre es una interrupción del propósito. A veces es parte de la
preparación para el propósito.
Quizá hoy no
entendamos lo que estamos viviendo.
Quizá no veamos
todavía el resultado.
Pero podemos
confiar en que Dios sigue trabajando.
3. Un hombre
forjado aprende a permanecer firme
La verdadera
fortaleza no se demuestra únicamente cuando todo está bien.Se demuestra
cuando las circunstancias cambian y aun así decidimos permanecer firmes.
Un hombre puede
tener fuerza física, conocimientos, recursos o posición, pero ninguna de esas
cosas garantiza fortaleza interior.
La verdadera
fortaleza se construye cuando aprendemos a confiar en Dios en medio de las
circunstancias.
Isaías 40:31
declara:
“Pero los que
esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas.”
Esperar en Dios
también es parte del proceso.
A veces
queremos respuestas inmediatas.
Dios puede
estar formando perseverancia.
Queremos
resultados rápidos.
Dios puede
estar formando paciencia.
Queremos evitar
el conflicto.
Dios puede
estar formando valentía.
Queremos que
desaparezca la dificultad.
Dios puede
estar formando dependencia de Él.
4. Las pruebas
revelan dónde está nuestra confianza
Las
dificultades tienen una manera particular de mostrarnos dónde hemos colocado
nuestra seguridad.
Mientras todo
funciona correctamente, podemos creer que confiamos plenamente en Dios.
Pero cuando
perdemos el control de una situación, descubrimos cuánto dependíamos realmente
de nuestras propias fuerzas.
Por eso las
pruebas pueden convertirse en una invitación a volver nuestro corazón hacia
Dios.
Proverbios
3:5-6 nos recuerda:
“Fíate de
Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia.”
Un hombre
forjado aprende que no tiene que controlar todas las circunstancias.
Puede hacer su
parte con responsabilidad, pero también puede entregar a Dios aquello que está
fuera de su control.
La fe
comienza muchas veces donde termina nuestra capacidad de controlar.
5. El proceso
también forma humildad
Las
dificultades pueden enseñarnos algo que ningún éxito puede enseñarnos de la
misma manera: nuestra necesidad de Dios.
El éxito puede
hacer que pensemos que podemos hacerlo todo.
El proceso
puede recordarnos que necesitamos ayuda.
Necesitamos de
Dios.
Necesitamos
sabiduría.
Necesitamos
consejo.
Necesitamos
aprender.
Necesitamos
reconocer nuestros errores.
Por eso, un
hombre verdaderamente forjado no es aquel que nunca reconoce sus debilidades.
Es aquel que
tiene la humildad suficiente para reconocerlas y permitir que Dios trabaje en
ellas.
La fortaleza y
la humildad no son opuestas.
Un hombre
fuerte espiritualmente puede decir:
“No puedo
hacerlo solo; necesito a Dios.”
6. No
desperdicies el proceso
Hay temporadas
que no podemos evitar.
Todos
enfrentaremos dificultades, pérdidas, cambios, decepciones y momentos de
incertidumbre.
La pregunta no
es solamente si atravesaremos procesos.
La pregunta es:
¿Qué haremos
mientras los atravesamos?
Podemos
permitir que una dificultad nos llene de amargura.
O podemos
permitir que Dios produzca madurez.
Podemos
quedarnos preguntando constantemente:
“¿Por qué me
está pasando esto?”
O también
podemos comenzar a preguntar:
“Señor, ¿qué
quieres formar en mí durante este proceso?”
Esta segunda
pregunta cambia nuestra perspectiva.
No significa
negar el dolor.
Significa
buscar a Dios aun dentro del dolor.
7. Un hombre
forjado no es un hombre perfecto
Es importante
entender esto.
Ser un Hombre
Forjado no significa no equivocarse, no llorar, no tener miedo o no
experimentar momentos de debilidad.
Significa
aprender a enfrentar esas realidades con Dios.
Un hombre
forjado puede caer, pero aprende a levantarse.
Puede
equivocarse, pero aprende a reconocerlo.
Puede sentir
temor, pero decide confiar.
Puede atravesar
una crisis, pero no abandona su fe.
Puede no
entender el proceso, pero sigue caminando con Dios.
La madurez no
consiste en nunca tener dificultades.
Consiste en
aprender a atravesarlas de una manera diferente.
8. Dios puede
utilizar tu proceso para preparar tu futuro
Hay cosas que
solamente pueden desarrollarse durante determinadas temporadas.
La paciencia se
forma mientras esperamos.
La
perseverancia se forma cuando continuamos.
La fe se
fortalece cuando confiamos sin tener todas las respuestas.
El carácter se
desarrolla cuando elegimos hacer lo correcto aun cuando resulta difícil.
Por eso, no
debemos despreciar los procesos que Dios está utilizando para formarnos.
Tal vez hoy
estés atravesando una temporada que no escogiste.
Tal vez estás
esperando una respuesta.
Tal vez estás
enfrentando una dificultad familiar, laboral, personal o espiritual.
No sabemos
cuánto durará el proceso.
Pero sí podemos
decidir quién queremos ser mientras lo atravesamos.
Hombres
Forjados: hombres formados en el proceso
Un hombre
forjado entiende que Dios no solamente está interesado en llevarlo a un
destino.
También está
interesado en quién llegará a ese destino.
Porque el
propósito requiere carácter.
La
responsabilidad requiere madurez.
El liderazgo
requiere humildad.
La familia
requiere amor y paciencia.
El servicio
requiere entrega.
La fe requiere
perseverancia.
Y muchas de
estas cualidades se desarrollan precisamente en los procesos que preferiríamos
evitar.
Por eso, cuando
llegue una prueba, no solamente preguntes:
“Señor,
¿cuándo terminará?”
También puedes
preguntar:
“Señor, ¿qué
quieres formar en mí mientras esto termina?”
Quizá todavía
no puedas ver el resultado.
Quizá todavía
no comprendas todo lo que está sucediendo.
Pero recuerda:
El fuego no
solamente prueba el metal; también puede contribuir a darle forma.
Y en las manos
de Dios, los procesos pueden convertirse en instrumentos de formación.
Hombres
Forjados
No somos
formados solamente por lo que vivimos, sino también por lo que permitimos que
Dios haga en nosotros mientras lo vivimos.