Pero para un joven que ha decidido seguir a Cristo, ser parte de una generación no significa simplemente pertenecer a una época. Significa permitir que Dios forme su vida, su carácter y su manera de pensar conforme a Su voluntad.
Por eso hablamos de ser forjados.
Forjar implica formar algo mediante un proceso. No sucede de manera instantánea. Requiere tiempo, dirección, perseverancia y, muchas veces, atravesar procesos que producen firmeza. De la misma manera, Dios está formando una generación que aprende a caminar con Él, a conocer su identidad y a vivir con propósito.
Ser forjado por Dios no significa ser perfecto. Significa estar dispuesto a ser formado por Él.
Una generación que sabe quién es
Una de las preguntas más importantes que una persona puede responder es: ¿Quién soy?
La identidad determina mucho de lo que hacemos, pensamos y perseguimos. Cuando una persona no sabe quién es, fácilmente puede construir su valor a partir de lo que otros dicen, de sus logros, de sus circunstancias o de la aceptación que recibe.
Pero nuestra identidad no comienza con lo que hacemos. Comienza con aquel que nos creó.
La Biblia enseña que fuimos creados por Dios y que nuestra vida tiene valor delante de Él. En Cristo descubrimos una identidad que no depende de las circunstancias.
Una generación que entiende que tiene propósito
Dios no crea vidas sin propósito.
Cada persona ha sido creada con capacidades, características, experiencias y oportunidades que pueden ser utilizadas para algo mayor que sí misma.
El propósito no consiste únicamente en alcanzar una profesión, obtener reconocimiento o cumplir determinadas metas personales. El propósito comienza cuando entendemos que nuestra vida puede glorificar a Dios y ser de bendición para otros.
Pablo escribió:
“Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras.” Efesios 2:10
Esto significa que nuestra vida tiene dirección.
Una generación forjada aprende a preguntarse no solamente “¿qué quiero hacer con mi vida?”, sino también:
“¿Qué quiere Dios hacer a través de mi vida?”
Esta pregunta cambia la perspectiva.
Cuando comprendemos que fuimos creados con propósito, nuestras capacidades dejan de ser únicamente herramientas para nuestro beneficio y comienzan a convertirse en instrumentos para servir, edificar y bendecir.
Una generación que decide caminar por fe
“Porque por fe andamos, no por vista.” 2 Corintios 5:7
Habrá momentos en los que no comprenderemos completamente lo que está sucediendo. Habrá etapas en las que tendremos que esperar. Habrá caminos que todavía no podremos ver con claridad.
La fe no elimina las preguntas; nos enseña a llevarlas delante de Dios.
Ser forjados es permitir que Dios nos forme
“Permaneced en mí, y yo en vosotros.” Juan 15:4
Una generación que puede marcar la diferencia
Una generación así puede convertirse en una influencia positiva en su familia, en su comunidad, en su iglesia y en todos los espacios donde Dios la coloque.
Necesita jóvenes con identidad.
No necesita solamente jóvenes con sueños.
Necesita jóvenes con propósito.
No necesita solamente jóvenes que conozcan muchas cosas.
Necesita jóvenes que aprendan a caminar por fe.
Dios todavía está forjando una generación
Quizá todavía estamos en proceso.
Quizá hay áreas de nuestra vida que necesitan ser transformadas. Quizá todavía estamos descubriendo nuestro propósito. Quizá nuestra fe está creciendo poco a poco.
Ser forjado significa precisamente estar en proceso de formación.
Dios no ha terminado Su obra en nosotros.
Por eso, más que preguntarnos si ya somos todo lo que deberíamos ser, podemos preguntarnos:
¿Estoy permitiendo que Dios siga formando mi vida?
Cada generación tiene una oportunidad.
Tu vida tiene propósito.
Y tu fe puede llevarte más lejos de lo que hoy puedes ver.
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