Vivimos en un mundo lleno de distracciones. Las redes
sociales, las preocupaciones diarias, el trabajo, las responsabilidades e
incluso nuestros propios pensamientos pueden ocupar tanto espacio en nuestra
mente que dejamos de prestar atención a lo más importante: la voz de Dios.
El Señor siempre habla, pero no siempre estamos escuchando.
Él nos habla por medio de Su Palabra, del Espíritu Santo, de la oración y, en
muchas ocasiones, a través de las circunstancias que permite en nuestra vida.
Sin embargo, para reconocer Su dirección es necesario detenernos, guardar
silencio y prestar atención.
Prestar atención no significa solamente oír; significa
escuchar con el corazón dispuesto a obedecer. Cuando Dios dio instrucciones a
Su pueblo, constantemente les decía: "Escucha", porque sabía
que de esa actitud dependería su bienestar y su caminar.
Muchas veces pedimos dirección, pero no prestamos atención a
la respuesta. Oramos por sabiduría, pero ignoramos los principios que ya están
escritos en las Escrituras. Anhelamos paz, pero no escuchamos el llamado a
confiar.
Dios desea guiarnos por caminos seguros, pero nosotros debemos aprender a inclinar nuestro oído hacia Él antes que hacia las voces del temor, la duda o la opinión de los demás.
Quien presta atención a la voz del Señor camina con mayor
seguridad, evita muchos tropiezos y experimenta la paz que produce vivir bajo
Su dirección.
"Quien presta atención a la voz de Dios nunca caminará sin dirección."

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