“Pero vosotros no queráis que os llamen Rabí; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo.” Mateo 23:8.
Jesús tuvo muchos títulos. Rey, Salvador, Cordero. Pero el que más usaron con Él fue Maestro. Rabí.
No sanó a todos. No multiplicó pan todos los días. Pero enseñó todos los días. Porque sabía algo: el milagro alimenta un día. La verdad te alimenta toda la vida.
Hoy es tu día, maestro. Y el cielo te mira.
Maestro, tú haces lo que Dios hizo: Formar
Dios creó. Génesis 1:1 Dios formó. Génesis 2:7.
Crear es rápido. Formar es lento, es manos sucias, es detalle. Tú no solo das clases. Formas carácter cuando corriges sin humillar. Formas destino cuando crees en el “burro” del salón. Formas futuro cuando te quedas 10 minutos más explicando. Proverbios 22:6 “Instruye al niño en su camino”. Tú instruyes. Dios honra eso.
Maestro, tú peleas la guerra que nadie ve
Daniel, Sadrac, Mesac y Abed-nego fueron formados por maestros en Babilonia. Y cuando vino la prueba del horno y los leones, se pararon firmes. Daniel 1:17 dice que Dios les dio conocimiento. Pero alguien se los enseñó. Tú no sabes si ese niño callado será el que mañana dirá “no me arrodillo” ante el sistema. Tú no sabes si esa niña distraída será la que mañana diga “yo sí oro por mi país”. Tú siembras en surcos que no verás florecer. “No nos cansemos de hacer bien, porque a su tiempo segaremos”. Gálatas 6:9 .
Maestro, tu paga no cabe en una quincena.
Santiago 3:1 dice: “No os hagáis maestros muchos de vosotros, sabiendo que recibiremos mayor condenación”. Ser maestro es peso. Dios te va a pedir cuentas de las palabras que sembraste. Pero también Daniel 12:3 dice: “Los entendidos resplandecerán como el resplandor del firmamento; y los que enseñan la justicia a la multitud, como las estrellas a perpetua eternidad”. Tu nombre está en el cielo con brillo. El gobierno te paga tarde. Dios te paga eterno.
Para ti que enseñas en escuela pública:
Oras bajito por tus alumnos. Limpias lágrimas que no son de tu sangre. Compras materiales de tu bolsa. Aguantas papás que no educan y te culpan. “Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor”. Colosenses 3:23. Tu salón es tu púlpito sin micrófono. Y Jesús está ahí, en cada “profe, no entendí”.
Para ti que enseñas en escuela dominical:
No tienes sueldo. Tienes desvelos. Preparas clase para 3 niños que a veces no llegan. “Mirad que no menospreciéis a uno de estos pequeños”. Mateo 18:10. Ese uno que enseñaste puede ser el Samuel que oirá a Dios en la madrugada. El cielo no cuenta cuántos te oyeron. Cuenta a quiénes marcaste.
Para ti que fuiste herido por un maestro:
Tal vez uno te gritó, te comparó, te rompió. Hoy Jesús te dice: “Yo soy tu Rabí”. “Te haré entender, y te enseñaré el camino”. Salmo 32:8. Él no enseña con regla en la mano. Enseña con cicatrices en la mano. Deja que Él sane lo que otro maestro quebró.
Maestro, gracias por quedarte cuando todos se van.
Gracias por creer en el que ni él mismo cree.
Gracias por escribir en pizarrones y en corazones al mismo tiempo.
A TODAS LAS MAESTRAS Y TODOS LOS MAESTROS LES DESEAMOS FELIZ DÍA Y QUE DIOS LES BENDIGA SIEMPRE.
BENDECI2 Y EDIFIKA2

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