LA PROMESA DE LA ORACIÓN


Cuando nos comprometemos a orar y lo hacemos según su voluntad, sabemos que Él nos escucha. Sin embargo, también me llama atención la este pensamiento: si Jesús nos pide que oremos y nos enseña a hacerlo, entonces sin duda tiene la intención de responder a esas oraciones. No nos enseñaría a orar de cierta manera solo para responder: «¡Ni pensarlo!» o «Eso no es algo que yo haría». Cuando oramos según su voluntad, hay una promesa incluida.

La prioridad de la oración

En Mateo 6, Jesús dice: «Cuando oréis…», no dice «Si oráis», «En vuestros días buenos, orad» o «En vuestra desesperación, orad». «Cuando oréis» implica la expectativa de un tiempo regular y constante con Él.

Jesús nos dio ejemplo de ello. La oración era su prioridad y punto de partida. Si la oración era la prioridad de Jesús, también debe ser la nuestra. 

El lugar de oración
En Mateo 6:6 se nos dice que entremos en nuestra habitación y oremos al Padre. La oración es personal y relacional. Todos necesitamos un «lugar determinado», un espacio donde encontrarnos con Dios. Lo importante no es el lugar, sino su presencia.

El modelo de oración
Es más que un modelo, una invitación a establecer una relación. La oración no consiste simplemente en recitar palabras, sino en acercarse al Padre. El modelo nos lleva a la persona.

La práctica de la oración
La oración es una disciplina que cultivamos. Hechos 1:14 dice que la Iglesia primitiva «se reunían y estaban constantemente unidos en oración» (NTV). La oración no era un evento, sino un estilo de vida.

La promesa de la oración
Esto es lo que quiero dejar claro: Jesús no solo nos enseñó a orar; nos prometió que Dios escucharía nuestras oraciones y que su deseo es responderlas.

Cortesía de Openbiblemessage


No hay comentarios.:

Publicar un comentario

BIENVENIDOS A...