Es una habilidad de altísimo valor que solo se aprende con paciencia, repetición y fe. Podemos escuchar a Dios porque él quiere hablar con nosotros.
El Salmo 46:10 dice: “Quédense quietos, reconozcan que yo soy Dios. ¡Yo seré exaltado entre las naciones! ¡Yo seré enaltecido en la tierra!”. En la quietud conocemos más y más quién es realmente Dios.
Encontrar a Dios a lo largo de tu vida diaria comienza con quedarte solo, en el lugar secreto, aquietando tu corazón y creciendo en tu conocimiento de Dios. Jesús nos enseñó en Mateo 6:5-6:
“Cuando oren, no sean como los hipócritas, porque a ellos les encanta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas para que la gente los vea. Les aseguro que ya han obtenido toda su recompensa. Pero tú, cuando te pongas a orar, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto. Así tu Padre, que ve lo que se hace en secreto, te recompensará”.

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