EL ENCUENTRO CON DIOS EN LA ORACIÓN


La oración es algo muy sencillo, pero a menudo nuestras mentes se empeñan en complicarlo.
A través de la oración tenemos acceso a encuentros profundos con el corazón y la mente de nuestro Padre celestial. Jeremías 33:3 dice: “Clama a mí y te responderé, y te daré a conocer cosas grandes y ocultas que tú no sabes”. Dios anhela que acudamos a él como nuestra fuente de vida, sabiduría, guía y verdad.

Tomarse el tiempo para escuchar a Dios en oración es el núcleo central de la espiritualidad cristiana.

Es una habilidad de altísimo valor que solo se aprende con paciencia, repetición y fe. Podemos escuchar a Dios porque él quiere hablar con nosotros.

El Salmo 46:10 dice: “Quédense quietos, reconozcan que yo soy Dios. ¡Yo seré exaltado entre las naciones! ¡Yo seré enaltecido en la tierra!”. En la quietud conocemos más y más quién es realmente Dios.

Encontrar a Dios a lo largo de tu vida diaria comienza con quedarte solo, en el lugar secreto, aquietando tu corazón y creciendo en tu conocimiento de Dios. Jesús nos enseñó en Mateo 6:5-6:

“Cuando oren, no sean como los hipócritas, porque a ellos les encanta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas para que la gente los vea. Les aseguro que ya han obtenido toda su recompensa. Pero tú, cuando te pongas a orar, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto. Así tu Padre, que ve lo que se hace en secreto, te recompensará”.

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