En un momento de nuestra vida, hemos visto de cerca o de lejos a una persona famosa o rica, y de acuerdo de su forma de vestir nos empezamos a hacer dos preguntas especialmente.
¿Cómo será su casa? y ¿Cómo vivirá?
El estilo de vida de una persona de esa índole a menudo es diferente de la imagen llamativa popularizada por los medios. Su estilo de vida suele estar construida sobre la disciplina, el ahorro y una mentalidad enfocada en el crecimiento a largo plazo.
En otras palabras, su estilo de vida radica principalmente en la fuente de su seguridad, sus prioridades, su visión del mundo y su fuente de felicidad.
Ha sucedido que dicho estilo de vida nos deslumbra al grado de querer vivir de esa manera, pero ese modo no es el que Dios quiere que vivamos.
En la Palabra de nuestro Maestro Jesús dice:
Ustedes están unidos a Cristo por medio de su muerte en la cruz, y ya no están sometidos a los espíritus que gobiernan este mundo. Entonces, ¿por qué se comportan como si todavía estuvieran bajo su dominio? ¿Por qué obedecen a quienes les dicen «no toquen esto», «no coman eso», «no prueben aquello»? Esas reglas no son más que enseñanzas humanas, que con el tiempo van perdiendo su valor. No se puede negar que son útiles, porque enseñan acerca de la conducta religiosa, la humildad y el dominio del cuerpo. Pero lo cierto es que no ayudan a combatir los malos deseos de nuestra naturaleza humana. Colosenses 2:20-23.
Aquí nuestro Maestro nos indica que debemos tener claridad sobre amar a Dios y amar a los demás para construir una vida con propósito, paz interior y dirección, liberándonos de las preocupaciones triviales.
Es por ello que nuestro Maestro nos lo ha mostrado:
Pero ya Dios les ha dicho qué es lo mejor que pueden hacer y lo que espera de ustedes. Es muy sencillo: Dios quiere que ustedes sean justos los unos con los otros, que sean bondadosos con los más débiles, y que le adoren como su único Dios. Miqueas 6:8.
Aquí nuestro Maestro nos indica que debemos ser justos y equitativos con los demás, compasivos y leales con nuestro amor y que no nos tomemos demasiado en serio, pero que si tomemos a Dios en serio.
AMÉN.

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