HAZ LA DIFERENCIA

 

Nos consideramos personas felices con la vida que llevamos, sobre todo porque tenemos en ella ese grupo de personas que nos cuidan constantemente con su empatía diaria y su cariño incondicional. Ellos y sus pequeños detalles cotidianos son los que hacen la diferencia, aquellos que permanecen invisibles a los ojos pero brillan con luz propia. 

Un mínimo detalle es capaz de llevarnos al éxito más extraordinario a al fracaso más angustioso, ya que se encuentran entre millones de intenciones. Eso ocurre en el mundo secular, pero en el mundo de Dios es muy distinto.

En la Palabra de Dios encontramos "Porque no es aprobado el que se alaba a si mismo, sino aquel a quien Dios alaba " 2Corintios 10:18.

Aquí nos habla de que la persona que merece aplausos no es la que habla bien de si misma, sino aquella de quien el Señor habla bien. 
Que importante es no tener un alto concepto de nosotros mismos. Debemos desarrollar el discernimiento adecuado. Nosotros somos por lo que Dios es y por lo que él hace por nosotros, no por lo que somos y lo que hacemos por él.

Eso es lo que marca la diferencia en nosotros.

AMÉN. 

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