En un pueblo llamado Villa Limpia, vivía doña Paty que poseía una escoba muy especial, ya que no solo barría el polvo sino las cosas que no eran buenas.
Un día, el pequeño Leo llegó a casa de doña Paty llorando porque había tenido un mal día en la escuela, se había peleado con su mejor amigo.
-¡Ya no quiero venir aquí! ¡Todo es terrible!-exclamó Leo, dejando caer su mochila.
Doña Paty sonrió con ternura y sacó su escoba de olivo.
-Leo, querido, a veces las cosas malas se pegan a nosotros como la pelusa debajo de la cama. Si no las barremos, se quedan a vivir y nos hacen sentir pesados. Después decir eso Ella comenzó a barrer alrededor de Leo, con movimientos suaves para borrar la rabia, la envidia y la tristeza que sentía Leo.
Así como Doña Paty borró las cosas que tenía en su corazón Leo, nuestro Maestro Jesús puede purificarnos. En la Biblía en 2Corintios 7:1 nos dice...
"Así que, amados, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios."
En este pasaje bíblico Pablo escribió sobre la necesidad de separase de la influencia del mundo para que podamos vivir en cercanía con Dios. Podemos decir que tenemos dos tipos de limpieza, la primera, es la que Dios nos da al confiar y aceptar a Cristo como nuestro salvador, nos limpia del pecado.
La segunda es la que nosotros vamos haciendo constantemente con nuestro esfuerzo diario al despojarnos de los deseos de la carne que nos llevan o nos separan de estar en plena intimidad con Dios, esto no lo hacemos solos, ya que Dios nos da las fuerzas para completar el propósito que nos tiene preparados.
AMÉN.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario