El padre la llevó a la cocina, llenó tres ollas con agua y las puso al fuego. En la primera puso zanahorias, en la segunda, huevos y en la tercera granos de café molido.
Dejó hervir el agua sin decir nada. Tras unos minutos, apagó el fuego. El padre llamó a Frida y le preguntó ¿Qué diferencia ves en cada ingrediente? Su hija le dijo. La zanahoria antes duras, ahora están blandas y débiles, los huevos antes frágiles, ahora tienen el interior endurecido y el café se disolvió en el agua, creando una bebida aromática y nueva.
Entonces le dijo su Padre a Frida Muy bien hija, pero si te das cuenta cada ingrediente ha cambiado su consistencia. Así nos sucede a nosotros cuando enfrentamos una dificultad.
Ante la adversidad nos debilitamos, endurecemos por dentro o transformamos esa dificultad en una oportunidad para ser mejores.
Así como Frida aprendió que las personas pueden transformar una dificultad en una oportunidad, nosotros también lo hemos aprendido a través de nuestras experiencias, pero esa transformación se lleva a cabo gracias a la presencia de nuestro Maestro Jesús porque Él nos ayuda.
En la Palabra de Dios nos dice:
"Jehová es mi fortaleza y mi escudo: En él esperó mi corazón, y fui ayudado; Por lo que se gozo mi corazón. Y con mi canción le alabaré. " Salmos 28:7.
Este versículo nos enseña que cuando tenemos dificultades o cuando sufrimos, Dios nos ayuda y que esa ayuda también la ofrezcamos a quienes sufren o tienen problemas.
Comúnmente ayudamos a los demás cuando vemos que están atravesando por una dificultad que ya enfrentamos. Esto sucede porque nos volvemos más empáticos con quien necesite una palabra de ánimo o ayuda por cuanto nuestro Maestro nos ha ayudado.
AMÉN.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario