En este momento quiero que te pongas a pensar por un segundo cuántas veces te has sentido como tortuga. Tal vez te pareció sin sentido imaginarte como una persona con las características de una tortuga, pero muchas veces lo has hecho sin haberlo percibido.
Has escondido tu cabeza en tu caparazón cuando le fallas a alguien o fallas en algo que realizaste con mucho esmero e ímpetu y no salió como esperabas. El fracaso apareció de nuevo.
"Las personas llegamos a un punto donde no queremos que el fracaso sea parte de nuestra vida, pero el fracaso tiene mucho que enseñarnos."
En la Biblia encontramos varías enseñanzas de nuestro Maestro Jesús sobre él: "Porque siete veces cae el justo y vuelve a levantarse; más los impíos caerán en el mal". Proverbios 24:16.
En este versículo enfatiza que el fracaso no es final y que la persistencia, respaldada por la fe, permite superar las dificultades y levantarse de nuevo.
En nuestra vida, experimentamos el fracaso. Podemos fallar en las pruebas, en las relaciones o metas. Debemos aceptar el fracaso como parte de la vida, pero también aceptar que Dios ve más allá de nuestro fracaso.
Dios no basa nuestro valor en nuestras calificaciones, estado civil u otros logros. Dios cree que somos especiales porque fuimos creados a la imagen de Dios. No hay nada que podamos hacer para eliminar nuestro valor o aumentarlo.
Independientemente, de nuestros fracasos, Dios tiene un plan para nuestras vidas.
AMÉN.

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