LA ORACIÓN, UN TIEMPO ESPECIAL



Pero tú, cuando te pongas a orar, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto. Así tu Padre, que ve lo se hace en secreto, te recompensará. Mateo 6:6.

Al principio cuesta orar por no tener una relación con nuestro Señor Jesús y Maestro, pero cuando esa relación se fortalece día con día surge otra pregunta ¿En qué momento de nuestro día podemos dedicar para fortalecer esa relación todavía más? Pareciera mucho más fácil de responder; sin embargo, mucho más difícil de realizar.

El ritmo del día a día se ha hecho de repetitivo a difícil de cambiar, porque al tratar cambiarlo voluntariamente cuesta trabajo; por ejemplo al tratar de cambiar la hora de comer. El reagendar o agendar una actividad en el día necesita no solo voluntad sino un gran compromiso.

Administrar el tiempo en una agenda ya sea voluntaria o involuntariamente se ha hecho importante en la vida. Algunas actividades han tomado más relevancia que otras. Nosotros, como discípulos de Dios, debemos tomar a la oración no como una actividad relevante sino un estilo de vida. En otras palabras, un tiempo especial.  

En la Palabra de Nuestro Maestro Jesús nos enseña a orar siempre. 
"Dediquen siempre tiempo a la oración, y no sean perezosos en eso. Den gracias a Dios siempre". Colosenses 4:2.

Como hijos y discípulos Dios sin la oración estamos extraviados, porque nuestra visión y pasión está sustentada en ella, mediante la oración no solo hacemos las cosas para él, sino estamos con él. Él es un Dios cercano.
Para mantener este tiempo especial debemos aprender que nuestro corazón necesita ser guiado por el Espíritu Santo a través de la oración.

Nuestra oración debe estar llena de gratitud y agradecimiento reconociendo que TODO viene de Dios. Debemos mostrar nuestro agradecimiento no tan solo con palabras sino con acciones de gracias. Dar gracias al vivir como debo hacerlo y bendecir al ser bendecido. 
Además al hacer una petición a nuestro Dios debemos saber que debemos hacer todo lo posible para que Él se encargue de lo imposible.

La Oración no es tan solo una relación de Maestro a Discípulo ni de Salvador a salvado, sino de Padre a hijo porque gracias a ella, la oración, nuestro padre nos da dirección, consuelo, nos fortalece, nos da descanso, nos ayuda a santificarnos, a permanecer, nos sana, nos da esperanza, nos lleva al propósito que Dios tiene para nosotros. 

AMEN 

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

LA ORACIÓN, UN TIEMPO ESPECIAL