APRENDIENDO


En un lugar montañoso muy lejos de aquí y cerca de allá había un pequeño pueblo que llamaba mucho la atención a quien lo visitaba por la construcción y forma de sus casas, todas estaban pintadas del mismo color y su techo era de teja. Sin embargo, en ese pueblo había un lugar más grande que las casas y pintado de diferente color para distinguirse de todas las casas. Ese lugar era la escuela.

En esa escuela asistían dos grandes amigos Juan y Pedro, aunque sus personalidades eran muy diferentes. Ellos nunca podían trabajar en equipo a causa de su forma de ser.

Un día Sofía, la tía de Pedro, les invito a apoyar en la pequeña iglesia. Dicha invitación se convirtió en una gran bendición para ellos dos, porque no solo formaban parte de esa comunidad, sino se afianzaba más su amistad al conocer a Jesús y conocer más sus caracteres. Eran diferentes, pero se complementaban.

Debemos agradecer a nuestro Maestro Jesús, no solo porque estamos conectados a Dios, sino que también tenemos un lugar donde crecer a medida que crecemos en nuestra relación con nuestro Maestro Jesús. 

Obviamente a nosotros no nos agradan todas las personas con las que encontramos en contacto, pero es relevante recordar que apreciarlo es la mejor manera de mostrar el amor por nuestro Dios. 

AMÉN.

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EN LAS MANOS DE DIOS PON ESTE DÍA.