La verdad me encanto mucho convivir con las personas de mi cabaña, conocerlas, reír, llorar, hablar, jugar, cantar y muchas cosas con ellas.
Pero lo que me encanto más fue conocer de Dios, en cada plenaria sentía que el me hablaba a través de los testimonios que daban los hermanos, que nunca estoy sola porque él siempre está conmigo; y la verdad aquellas palabras me hicieron reflexionar y valorar más mi relación con Dios.
Al mismo tiempo, que me dio otra perspectiva de mi vida, tal vez en cambiar mi persona y mi manera de pensar, una hermosa experiencia que nunca olvidaré y siempre llevaré conmigo.

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