Mamá, gracias por enseñarme a ser fuerte, valiente y perseverante.
Dedicado a quien siempre está presente en mi corazón. Mi Madre.
El Señor te bendiga y te guarde; el Señor te mire con agrado y te extienda su amor; el Señor te muestre su favor y te conceda la paz”. Números 6:24-26.
Para una madre sus hijos ocupan el primer lugar en el mundo, ella es el tesoro del mundo, es el ser brillante, es la vida misma, sin madre no hay vida, es la representación divina aquí en la tierra. Es por ello que al mirar al cielo debemos agradecer a nuestro Señor Jesucristo por este maravilloso ser que nos ha dado. Además ella posee una gran sabiduría basada en valores que fortalecen a su familia.
Entre esos valores que hacen a la madre única y hacen resaltar su sabiduría se encuentran:
Una madre es comprensión.
Sus palabras calman, sus caricias sanan y sus besos reconfortan. Nadie conoce mejor a sus hijos que su propia madre; ella tiene la capacidad de entender los distintos factores que influyen en su estado de ánimo y comportamiento. El alto nivel de percepción de una madre, desarrollado por ese fuerte vínculo que hay con el hijo, la hace en definitiva, la portadora por excelencia del valor de la comprensión.
Una madre es responsabilidad. Una madre vela por el bienestar de sus hijos y de su hogar cueste lo que le cueste, asume su rol con entereza, cumple con sus deberes y reconoce la gran responsabilidad que se la ha sido asignada al consignarle la crianza de unos seres humanos para hacer de ellos, maravillosas criaturas.
Una madre es paciencia.
Paciente ante las situaciones arduas e ineludibles de la vida, paciente ante los conflictos naturales que se presentan en el núcleo familiar, paciente ante las incansables enseñanzas para hacer de sus hijos personas íntegras y valerosas. Obra que realizará sin tregua durante años y que tal vez nunca verá terminada.
Una madre es amor.
El amor a los hijos es único y particular, perpetuo, transparente, carente de egoísmo y de ambición personal. Por este amor la madre desafía hasta sus propias capacidades y realiza actos verdaderamente increíbles para proteger o beneficiar a los hijos.
Por: Alberto Huitrón Sánchez.

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