He aquí, yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros; pero quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén, hasta que seáis investidos de poder desde lo alto. Lucas 24:49.
¿Qué quieres ser de grande? Es una de las preguntas más comunes que como niños nos hacen y hemos preguntado ya de adultos a otros niños.
Esta pregunta parece muy simple, sin embargo no lo es, ya que guarda un poder único que no alcanzamos a ver. Es un reflejo de nuestros deseos y pasiones y, sobre todo, actuará como motor para desarrollar nuestras capacidades al aprender nuevos conocimientos que nos permitan convertirnos en eso que deseamos "ser de grandes".
Ahora bien, cuando somos grandes el desarrollo de dichas capacidades empiezan desde la forma de vestir de lo que deseamos ser de grandes y del estilo de vida que deseamos vivir, por ejemplo:
Un hombre con camisa ajustada y muchos músculos nos hace pensar que es fisicoculturista.
Un hombre con camisa a cuadros y sombrero tejano nos hace pensar en un vaquero.
En otras palabras, como hombres en Cristo nos debemos despojar del viejo hombre y revestirnos del nuevo, la ropa del viejo hombre puede consistir en muchas cosas, de las cuales tenemos que despojarnos.
Dios no solo tiene para ti algo nuevo y bueno, sino lo mejor.
"Porque yo sé los planes que tengo para ustedes -afirma el Señor-, planes de bienestar y no de calamidad, a fin de darles un futuro y una esperanza" Jeremías 29:11.
La vestidura del viejo hombre se envejece y la vestidura del nuevo hombre se renueva y nos hace con el tiempo, más parecidos a Cristo. Esa es la obra del Padre.
Dios quiere que tomemos decisiones correctas, por eso recalca en su Palabra, vístanse del nuevo hombre, porque aunque Él nos dio las vestiduras, no nos las va a poner a la fuerza.
Debemos vestirnos de misericordia, bondad, humildad, mansedumbre, tener fuerza bajo control guiado por el Espíritu Santo reflejando una de las enseñanzas de nuestro Maestro Jesús, su carácter, paciencia y amor.
Finalmente, caminemos en todo lo que Cristo nos ofrece; para que podamos vivir una vida conforme al propósito de aquel que nos creó.
AMÉN.

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