INQUILINOS DEL CORAZÓN



"Por sobre todas las cosas cuida tu corazón, porque de él mana la vida" (Proverbios 4:23).

            La casa regularmente se define como un Edificio para habitar, no obstante es un sitio donde crecimos protegidos por el amor de nuestra familia, nuestros padres y de nuestros hermanos. En otras palabras, es un lugar donde en cada rincón se respira vida, seguridad, cobijo y formación.
Dada esta breve explicación se podría decir que nuestro corazón es un lugar donde moran familiares y amigos que amamos, el recuerdo de seres queridos que han fallecido, momentos de felicidad, superación y aprendizaje que nos han formado como personas.

Pero así como hay momentos agradables hay momentos desagradables en nuestro corazón, estos últimos se podrán llamar Inquilinos del Corazón, como se sabe un inquilino es una persona que tiene el derecho de ocupar y utilizar una propiedad en renta y quien es responsable de causar cualquier daño que cause a la propiedad.

Muchas veces vigilamos nuestro comportamiento, mientras ignoramos nuestro corazón, olvidando las palabras de nuestro Maestro Jesús. "Pero lo que sale de la boca viene del corazón, y eso contamina al hombre". (Mateo 15:18). Tomando en cuenta el versículo anterior, te has puesto a meditar ¿Por qué digo lo que digo? Pues ello podría ser por esos inquilinos que moran en nuestro corazón como son: la culpa, la ira, la avaricia y los celos.

A pesar de que reconocemos cada uno de ellos, desconocemos ¿De qué manera podemos apartarlos de nuestro corazón? En la Palabra de nuestro Maestro Jesús encontramos esa guía que tanto necesitamos.


Para la Culpa.

"Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad". (1 Juan 1:9).

Al confesar nuestros pecados a Dios y a las personas contra las que hemos pecado, rompemos el ciclo del pecado.

Para la Ira.

Por lo tanto, cada uno de ustedes debe dejar la falsedad y hablar con la verdad a su prójimo, porque todos somos miembros de un mismo cuerpo. "En su enojo no pequen": No dejen que se ponga el sol mientras aún están enojados, ni den cabida al diablo. (Efesios 4:25-27).

Y "Desháganse de toda amargura, ira, peleas y calumnias, junto con toda forma de malicia. Sean amables y compasivos unos con otros, perdonándose mutuamente, así como Dios los perdonó a ustedes en Cristo". (Efesios 4:31-32).

Al perdonar a los demás, la ira desaparece y nosotros somos liberados. 

Para la Avaricia.

En la Palabra de nuestro Señor Jesucristo encontramos la parábola del "rico insensato". Lucas 12:13-21, un hombre pide a Jesús que le diga a su hermano que comparta la herencia con él, pero nuestro Maestro le responde preguntando ¿Quién lo ha puesto como juez y advierte a todos que deben guardarse de toda avaricia, porque la vida del hombre no consiste en la abundancia que posee.

Al tener una vida piadosa y en relación con Dios, la avaricia se desvanece.


Para los celos.

¿Saben por qué hay guerras y pleitos entre ustedes? ¿Pues porque no saben dominar su egoísmo y su maldad! Son tan envidiosos que quisieran tenerlo todo, y cuando no lo pueden conseguir, son capaces hasta de pelear, matar y promover la guerra. ¿Pero ni así pueden conseguir lo que quieren! Ustedes no tienen, porque no se lo piden a Dios. Y cuando piden, lo hacen mal, porque lo único que quieren es satisfacer sus malos deseos. 

Al tener una conversación sincera con nuestro Dios, nuestro corazón sanará.

Finalmente, podemos decir que la PALABRA DE NUESTRO MAESTRO TIENE PODER Y A TRAVÉS DE ELLA PODEMOS ENCONTRAR GUÍA.

AMÉN






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