"Vuélvete hacia mí y contéstame, ¡oh Señor, mi Dios!...". (Salmo 13:3).
Estamos acostumbrados a vivir rodeados de infinidad de ruidos y sonidos, que van del susurro del viento hasta el silbato de un tren.
La exposición a esta contaminación acústica excesiva puede causar momentos de estrés hasta problemas de salud mermando nuestra capacidad de concentración y memoria.
Todo lo anterior, nos hace que nos olvidemos del silencio, tal vez nos incomoda porque no estamos acostumbrados a practicarlo. En otras palabras... A guardar silencio.
El poder del silencio es algo que muchas veces dejamos de tomar en cuenta porque estamos acostumbrados a estímulos constantes en los cuales una pausa no es algo frecuente.
Hay momentos donde el silencio es la mejor herramienta. No solo para pensar sino también para poder oír tus emociones, organizar tus ideas, escuchar literalmente el propio silencio, poder respirar profundo y sobre todo escuchar la voz de Dios.
Es ese tiempo en tu cuarto a solas con tu Padre Celestial, ese momento que transformas esos minutos en un hábito al tener una relación con tu Maestro Jesús.
Al estar uno al lado del otro su presencia se manifiesta en tu estilo de vida a través del Espíritu Santo.
"Y renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestidos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad" (Efesios 4:23-24),
En esta Palabra de Dios, Pablo nos inculca ser nuevos mediante la presencia de Dios al deshacernos de todo aquello que nos separa de nuestro Padre Amado.
No todo el silencio es pasivo, sino activo. En este silencio, nuestro Maestro nos susurra el propósito que tiene para nosotros.
Por medio de la oración en silencio activo el Espíritu Santo nos dirige.
"A ti clamo, oh SEÑOR; roca mía, no seas sordo parea mí, no sea que si guardas silencio hacia mí, venga a ser semejante a los que descienden a la fosa" (Salmos 28:1).
En oración empezamos a ver, escuchar y sentir lo que antes no podíamos percibir. Discernimos el por qué de sus silencios.
Gracias Maestro Jesús porque eres tan fiel y verdadero que mis oraciones, mis lágrimas y mi clamor no caen en un silencio vacío sino en TU PRESENCIA.
AMÉN

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